Sociología. Tareas por género en la sociedad rural tradicional

Mujeres escardando

 Tareas por género en la sociedad rural de la primera mitad del siglo XX

En el mundo rural tradicional la división del trabajo por género era bastante rígida. No se trataba solo de lo que hacían hombres y mujeres, sino sobre todo de lo que se consideraba adecuado y útil para cada género; también, cómo se debían interiorizar esas normas sociales desde la infancia.

División del trabajo

En el ciclo de la cosecha y del año agrícola, la unidad familiar funcionaba como un todo y la aportación femenina era fundamental en todo momento, aunque menudo permanecía invisible por cotidiana o únicamente se valoraba como complementaria de la masculina.

Hombres

  • Tareas asociadas a la fuerza física y a la toma de decisiones: manejo de arados y aperos, conducción de animales de tiro, las labores más pesadas y la dirección de las fases fundamentales del trabajo.
  • Algunos trabajos concretos eran:
    • Matar el cerdo.
    • Cuidar los machos (ganado mular para el trabajo agrícola)
    • Arar las fincas.
    • Sembrar los cereales.
    • Abonar (antiguamente con basura de los corrales).
    • Podar las cepas de las viñas. 
    • Segar con hocino.
    • Transportar los haces a la era y esparcirlos.
    • Trillar, si no lo hacían otros miembros de la familia.
    • Emparvar.
    • Aventar o beldar.
    • Almacenar el cereal.
    • Vendimiar.
    • Pisar las uvas o llevarlas al lagar.
    • Trasegar el mosto. 
  • Gestión de actividades vinculadas a la propiedad y a los contratos: hablar con compradores, contratar agosteros y jornaleros, etc.
  • En general, representación de la unidad familiar en las situaciones que los requiriesen; por ejemplo, ante el Ayuntamiento y las instancias administrativas.
  • Mujeres

  • Participación, a veces intensa, en fases clave de las tareas agrícolas; pero con labores consideradas complementarias o de cuidado:
    • En tareas de preparación: escardar. 
    • Cuando las jornadas eran largas, llevar el almuerzo y la comida al campo. 
    • En labores de recolección: sobre todo hacer vencejos y atar haces
    • Tareas de limpieza y guarda: barrer la era, trillar y ayudar en el resto de operaciones vinculadas a llimpieza y guarda del cereal.
    • También vendimiar. 
  • Trabajo doméstico, como parte básica de la economía familiar:
    • Preparación diaria de los alimentos.
    • Limpieza del hogar.
    • Orear la ropa de cama y después hacer las camas. 
    • Cocción semanal del pan.
    • Realización de conservas (matanza, salazones y encurtidos).
    • Aportar diariamente agua al hogar desde la fuente con cántaros y calderos. 
    • Labores frecuentes de costura.
    • A veces hilado de lana. 
    • Lavado de ropa en el río, en una poza o en un lavadero, si existía (no era el caso de Villatuelda).
    • Lavado anual de los colchones de lana.
    • Una vez al año, tratar con "lejía de ceniza" las sábanas. 
    • Crianza diaria de los hijos.
    • Cuidado diario de los ancianos convivientes.
    • A veces, atención parcial a padres y/o suegros no convivientes. 
  • Apoyo a la economía familiar con atención diaria a cerdos y animales como gallinas y conejos; también cuidado de la huerta, si se disponía de ella.
  • Con frecuencia, llevar sacos de paja a la cuadra para los machos y partir leña para la cocina y la gloria. 
  • En la época de recolección la frontera entre “trabajo agrícola” y “trabajo del hogar” era porosa, ya que todo se sacrificaba a cumplir el calendario de trabajo. 

    Aparte de sus tareas, las mujeres también eran habitualmente las transmisoras de la tradición oral (ver AQUÍver AQUÍ y ver AQUÍ).

    Los hombres, por su parte, solían transmitir la música de dulzaina y caja, pero concretamente en Villatuelda no consta que hubiese familias de dulzaineros (la tradición cuenta que sí hubo un acordeonista que tocaba en los contados bailes que se celebraban). Los mozos, por su parte, transmitían anualmente "Las marzas" (ver AQUÍ).

    Masculinidad y feminidad tradicionales

    • Masculinidad rural tradicional: asociada a autoridad, competencia, fortaleza, manejo del dinero y los recursos familiares en general, incluido el vínculo con el trabajo “principal”.
    • Feminidad rural tradicional: asociada a recato, obediencia, capacidad de sostén del hogar y competencia en cuidados y organización. La mujer podía ser imprescindible para el campo, pero socialmente se traducía en forma de sacrificio y trabajo silencioso.

    Por eso, aunque muchas mujeres trabajaran en la cosecha, su visibilidad social podía ser menor y su papel se interpretaba más como “ayuda” que como “ocupación” con derechos o estatus equiparable a los de los hombres.

    Las mujeres desarrollaban multitud de tareas, en buena parte cotidianas (es decir, durante todo el año); por eso generalmente disponían de menos tiempo libre que los hombres. Sin embargo, la valoración social de su esfuerzo era inferior a la de ellos.  

    Ciertamente, los agricultores que trabajaban directamente la tierra en esta época realizaban tareas duras en condiciones casi siempre poco favorables. La gran diferencia es que su dedicación sí recibía la valoración social que les correspondía, mientras que el esfuerzo de las mujeres permanecía casi en el anonimato. 

    Educación, autoridad y prestigio social

    En muchas zonas cerealistas:

    • Los niños podían aprender las tareas propias del mundo agrícola y al menos estar escolarizados hasta los 12 años.
    • Las niñas recibían una socialización orientada al hogar y a las labores tradicionales; si estudiaban, a menudo era menos tiempo y únicamente lo básico (leer, escribir y cuentas).

    En cuanto a autoridad:

    • En la práctica, la familia (y la estructura local) otorgaba a los hombres mayor protagonismo para negociar y representar.
    • Las mujeres tenían influencia cotidiana real (por ejemplo, organizando recursos del hogar y rutinas), pero prácticamente nunca llegaban a ser autoridades formales (hecha la salvedad de la maestra de la escuela).
    • Además, hasta el 2 de mayo de 1975 las mujeres debían contar con el permiso de sus maridos (como "cabezas de familia") para determinadas cuestiones y hasta 1981 no se eliminó por completo su discriminación legal. 

    Los trabajos agrícolas eran duros y exigentes, salvo para los grandes propietarios o los propietarios medianos bastante acomodados. Pero si se nacía en una familia de agricultores,  las posibilidades de evitar esa profesión no eran demasiadas:

    • En los hombres: profesar como religioso (cura o fraile), intentar ser maestro de escuela o bien lograr un puesto de secretario de ayuntamiento en un pueblo.
    • En las mujeres: profesar como religiosa (monja) o intentar ser maestra de escuela.   

    Lógicamente, en esa época esas salidas estaban al alcance de contadas personas, tanto si se trataba de hombres o de mujeres (a no ser que la preparación fuese gratuita). De todos modos, las familias que tenían algún integrante con alguna de esas dedicaciones, podría decirse que estaban intentando procurarse un cierto ascenso social. 

    Hombres

    - Un secretario del Ayuntamiento natural de Villatuelda, en el primer tercio del siglo XX: Leonardo Tamayo Val

    - Primer sacerdote natural de Villatuelda, en el primer tercio del siglo XX: Félix Tamayo Val (hermano del anterior y cura párroco de Villanueva de Carazo). 

    - Otro sacerdote, más tarde: Leonilo González Reyes (cura párroco de la iglesia de Santa María en Aranda de Duero).

    - Bastante posterior y aunque no sea el primer fraile natural de Villatuelda, cabe nombrar al P. Paúl Joaquín González Hernando por su papel en la vuelta a la iglesia del retablo de San Mamés y también por su colaboración con la parroquia.     

     - Asimismo, sin ser el primer guardia civil natural de Villatuelda, recordamos a Antonio Adeliño Vélez, por su papel en la vuelta a la iglesia del retablo de San Mamés, su colaboración con la parroquia y su numerosa divulgación relacionada con la localidad.

    - Evidentemente, antes y después de estos dos últimos villatueldanos también se han ido formando otros profesionales de diferentes ramas. 

    Mujeres:

    - Primeras maestras nacionales naturales de Villatuelda, hacia mediados del siglo XX: María Encarnación Calvo Izquierdo (hija de Eulampio Calvo y Eufemia Izquierdo) y Esther Muñoz Reyes (hija de Teófanes Muñoz y Mercedes Reyes).

    - Lógicamente, años después se han ido formando otras villatueldanas en diferentes ámbitos profesionales.  

    Religión, costumbres y control social

    Las normas comunitarias eran estrictas:

    • La honra, la reputación y el “modo de comportarse” (especialmente en mujeres) funcionaban como mecanismo de control social constante.
    • La asistencia a las celebraciones religiosas era de obligado cumplimiento para las mujeres, salvo imposibilidad por sus tareas; pero en general no para los hombres (salvo los "días importantes" y en el caso de los funerales, de obligada asistencia como "cabezas de familia"). 
    • Durante el régimen del general Franco, para inscribirse en los estudios de Magisterio era obligado que tanto hombres como mujeres presentaran un "certificado de buena conducta" de su párroco. Al finalizar los mismos, también debían realizar unos talleres dirigidos por personal del Movimiento Nacional para poder después trabajar.
    • Los espacios públicos eran habitualmente más restrictivos para las mujeres. El trabajo obligado en el campo a veces actuaba como excepción, pero no equivalía a libertad plena. Donde ellas encontraban cierta libertad era en las labores realizadas solo en compañía de mujeres de diferentes familias, como lavar la ropa en espacios públicos (río, poza o lavadero cuando existía).

    Trabajo estacional y desigualdades

    En la sociedad rural cerealista, el ritmo del año marcaba el papel de cada cual:

    • En campañas intensas, las mujeres aumentaban su participación en las tareas agrícolas.
    • Fuera de esas etapas, pesaba más el trabajo doméstico y la preparación para el siguiente ciclo.  
    • Además, existía una jerarquía intrafamiliar: no todas las mujeres tenían el mismo grado de autonomía, porque dependía del tipo de familia (propietaria, arrendataria, jornalera), número de hijos, edad y acceso a disponer de ayuda.

    Diferencias por clase social y tipo de explotación

    Distinta para:

    • Familias de grandes propietarios (podían contratar mano de obra y delegar la mayor parte del esfuerzo ).
    • Familias de propietarios medianos (con alguna posibilidad de delegar parte del esfuerzo, al menos por períodos amplios). 
    • Familias de pequeños propietarios (con escasa posibilidad de delegar parte del esfuerzo, si es caso puntualmente).
    • Arrendatarias o familias con dependencia directa del jornal (sin ninguna posibilidad de delegar parte del esfuerzo).

    Aun así, en todas las categorías se mantenía una idea común: el hombre como principal y la mujer como sostén y apoyo, aunque su trabajo productivo fuera necesario.


     


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